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A veces, para intuir hacia dónde podría evolucionar la vida pública, hace falta viajar a lugares donde casi nadie mira. Y Bután, con su serenidad montañosa y su profunda raíz cultural, se está convirtiendo en uno de esos faros discretos.

Durante nuestra visita, el equipo de Economía HumanaFerran Caudet, Maribel Guzmán, Teresa Rodeja, Emma Moreno y Leti Torres— tuvo un encuentro muy especial con el Bhutan Centre for Media and Democracy (BCMD) en Thimphu. Nos recibió su directora ejecutiva, Tandin Wangmo, junto a parte de su equipo.

Lo que compartimos allí nos dejó una sensación poderosa: la democracia no es un modelo que se copia, sino un organismo vivo que crece cuando un territorio se atreve a ser fiel a sí mismo.

Bután: una democracia que nace de su cultura

El BCMD nos recordó algo esencial: cada territorio necesita sostener su propia identidad para que la vida pública tenga sentido.

La democracia butanesa no intenta parecerse a ninguna otra. Brota de su cultura, de su visión del bienestar, de su relación con la naturaleza y del famoso Índice de Felicidad Nacional (GNH).

Esa fidelidad a lo propio es lo que la hace tan inspiradora para países que, a pesar de tener sistemas más antiguos, han perdido conexión con sus raíces.

Incluir para que nadie quede fuera

Uno de los pilares del BCMD es garantizar que todas las voces puedan participar.
Y no se queda en un discurso: se concreta.

    • Materiales en braille

    • Recursos para personas con dificultades auditivas

    • Programas para comunidades rurales

    • Espacios para colectivos que históricamente no habían tenido presencia

Su mirada es simple y honesta: una democracia que no escucha todas las voces acaba respirando a medias.

Participación comunitaria: cuando la gente sostiene el rumbo

Hubo un momento de la conversación que nos tocó especialmente. Nos explicaron cómo están impulsando que las decisiones nazcan desde la comunidad: los planes a cinco años siguen existiendo, pero ahora se prioriza que las personas expresen qué es lo esencial para ellas.

Este giro trae un cambio profundo: 

Las personas dejan de sentirse receptoras y empiezan a reconocerse como parte del motor colectivo.

Y para el BCMD, la calidad de una decisión depende directamente de la calidad de la escucha entre gobierno local y ciudadanía. La información debe subir, no solo bajar.

Perspectiva de género: equilibrar miradas para servir mejor

Aunque Bután ha avanzado mucho, aún persiste una brecha en la presencia femenina en espacios públicos.
La explicación no es ideológica, sino histórica: hace décadas, las escuelas estaban lejos y muchas familias evitaban enviar a sus hijas por protección, lo que generó un desequilibrio que todavía perdura.

El BCMD acompaña actualmente a mujeres que desean presentarse a las elecciones locales de 2027, ofreciéndoles formación y apoyo.

Pero lo más valioso es su enfoque:

No se busca favorecer a un género, sino equilibrar perspectivas para mejorar la vida comunitaria.

Cultura, gratitud y transparencia: un equilibrio delicado

Otra parte del encuentro nos mostró la sensibilidad con la que Bután está gestionando la transparencia.

En su cultura, es habitual expresar gratitud con regalos. Pero en la vida pública esto puede generar conflictos de interés.

La solución ha sido elegante: mantener la esencia del gesto, pero trasladarlo al ámbito personal y nunca institucional.

Así protegen la coherencia sin romper la cultura.

Publicaciones que abren conversación

El BCMD también impulsa espacios de reflexión accesibles para toda la ciudadanía.
Invitan a autores y especialistas para escribir sobre temas como:

    • cambio climático

    • convivencia y vida cívica

    • mindfulness en la esfera pública

Un modo de democratizar no solo las decisiones, sino también el pensamiento.

Lo que nos llevamos desde Economía Humana

Este encuentro nos dejó una certeza compartida: cuando un país se atreve a alinear democracia y cultura, aparece algo más coherente, más humano y más sostenible.

Bután lo está demostrando con discreción y profundidad. Y para nosotros abrió una pregunta que sigue resonando:

¿Cómo sería nuestra vida pública si pudiéramos reconectar con la esencia de cada territorio y de cada comunidad?

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