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Entrar en la ONU no se sintió como entrar a “un edificio importante”. Se sintió como bajar el volumen interno. Quizá porque allí se juntan (desde hace décadas) intentos humanos de sostener acuerdos para el bien mayor de todos. A veces frágiles. A veces bloqueados. Pero vivos.

Nada más llegar, Mandela con los brazos abiertos. Una bienvenida que no es decorativa: te coloca en otra frecuencia. Después, en los pasillos, algo igual de potente: objetos donados por multitud de países. Pequeñas piezas del mundo conviviendo en el mismo espacio. Una metáfora material de lo que podría ser el “nosotros”.

Naciones Unidas: un espacio “de nadie y de todos” y una semilla de unidad

Aunque la sede esté en Nueva York, el Headquarters District tiene un estatus jurídico especial. Por el Acuerdo de Sede, queda bajo el control y la autoridad de Naciones Unidas y es un espacio inviolable: las autoridades de EE. UU. no pueden entrar a ejercer funciones oficiales sin el consentimiento del Secretario General.

Se siente como cruzar una frontera invisible: un pedacito de mundo donde, por diseño, ninguna nacionalidad debería pesar más que otra. Casi una utopía practicándose. Un recordatorio sencillo y radical: antes que banderas, somos humanidad.

La ONU no es perfecta… y aun así importa

No idealizamos. Sabemos que la ONU no ha sido lo que debería: resoluciones que no se cumplen, debates que no llegan a ocurrir, intentos de control, bloqueos, tensiones.

Y aun así, creemos que importa que exista. Porque hay instituciones imperfectas que sostienen una semilla: la posibilidad de un “nosotros” por encima del dominio.

Allí nos cayó una verdad simple: no podemos pedir unidad afuera si por dentro seguimos divididos. Si señalamos, si competimos por tener razón, si nos colocamos por encima (aunque sea con lenguaje “consciente”), lo de fuera solo refleja esa separación ampliada.

La unidad no se decreta. Se encarna.

Un gesto pequeño, un símbolo grande

Esta visita también abrió un camino de colaboración desde Economía Humana y dejamos un gesto sencillo y simbólico: donamos dos ejemplares de nuestro libro Economía Humana: Intuición, Liderazgo y Prosperidad a la biblioteca de Naciones Unidas, uno en inglés y otro en castellano.

Un puente entre lenguas. Y una intención: contribuir a conversaciones que pongan el bien común en el centro.

La pregunta que nos llevamos

Nos fuimos con una pregunta viva: ¿Qué necesitamos integrar hoy, cada uno de nosotros, para cuidar más unidad en el mundo?

United Nations · United Hearts ❤️ UH!

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