Hay personas que no necesitan levantar la voz para abrir camino. María Gabriela Balls es una de ellas.
Durante la última Quedada de Economía Humana en Casa Golferichs, compartimos una conversación íntima con ella, responsable de comunicación y transferencia tecnológica en la Universidad Nacional de Cuyo, en Argentina, amiga de Economía Humana desde hace años y docente en la primera edición del Máster Internacional en Economía Humana (MIEH).
La excusa era sencilla: reencontrarnos, conversar, celebrar la llegada del verano.
Pero, como suele ocurrir cuando una comunidad se reúne sin demasiada agenda y con escucha real, la conversación nos llevó mucho más lejos. Hablamos de Barcelona, de Mendoza, de sostenibilidad, de género, de cultura, de universidad, de ciudadanía y de intuición.
Y, en el fondo, hablamos de algo que cada vez resulta más urgente para quienes lideran organizaciones, proyectos o procesos de transformación:¿desde dónde tomamos decisiones cuando queremos generar un cambio real?
Cuando la intuición no es una ocurrencia, sino una brújula
En un momento de la conversación, alguien le preguntó a Gaby qué papel había tenido la intuición en su recorrido. Su respuesta fue clara: todo.
Gaby explicó que muchas de sus decisiones más importantes nacieron de una certeza interior difícil de justificar desde fuera, pero profundamente clara desde dentro.
Se licenció un lunes y el miércoles ya estaba viajando a Europa. Su familia esperaba que se quedara en Italia, donde tenía raíces, red y apoyo. Parecía lo más lógico. Pero ella sentía otra cosa. Barcelona la llamaba.
No porque tuviera todas las garantías. No porque el camino estuviera ordenado. No porque alguien le hubiera prometido nada. Simplemente, lo sentía. Y esa decisión cambió su vida.
En Barcelona se doctoró en comunicación, estudió fotografía, se acercó a la sostenibilidad, al comercio justo, a las organizaciones sociales, a la cultura, al diseño y a una manera de comprender la ciudad como espacio vivo.
Después volvió a Mendoza con otros ojos. Y ahí empezó a tejer puentes.
El liderazgo inspirador no siempre parece liderazgo
A menudo imaginamos el liderazgo como una posición visible: alguien que dirige, decide, marca el rumbo. Pero hay otro tipo de liderazgo más silencioso y profundo. El de quienes conectan mundos.
Gaby ha unido universidad, comunicación, sostenibilidad, cultura, género, ciudadanía y transferencia de conocimiento. Ha llevado referentes de Barcelona a Mendoza. Ha contribuido a abrir conversaciones institucionales. Ha participado en procesos donde medir no era sólo contar datos, sino mirar mejor la realidad.
Uno de los ejemplos que compartió fue la creación de un sistema de medición de cuádruple impacto en UNCUYO, incorporando las dimensiones ambiental, económica, social y de género.
Y ahí apareció una clave importante: cuando empezaron a medir, se dieron cuenta de que la dimensión de género era una de las menos atendidas. No por falta de discurso. Sino porque muchas veces lo esencial queda fuera de la mirada de quienes toman decisiones.
Esta es una gran lección para cualquier persona que lidera: lo que no se mira, no se transforma. Y lo que no se mide con sensibilidad, puede quedar atrapado en la intención.
De la sostenibilidad como discurso a la sostenibilidad como conciencia
Durante años, muchas organizaciones han hablado de sostenibilidad. Pero la pregunta de fondo sigue siendo incómoda: ¿estamos cambiando la forma de habitar el mundo o solo estamos cambiando las palabras?
Gaby compartió cómo Barcelona le permitió integrar una mirada más amplia: comunicación, imagen, ciudadanía, cultura, sostenibilidad y participación social como partes de un mismo organismo.
No se trataba solo de “hacer proyectos sostenibles”. Se trataba de comprender que una ciudad, una universidad o una organización están vivas. Tienen memoria, relaciones, heridas, tienen posibilidades. Y, sobre todo, tienen una forma propia de transformarse.
Por eso, el liderazgo que necesitamos hoy no puede basarse únicamente en planes, indicadores o discursos correctos. Necesita percepción, cuerpo, escucha, e intuición aplicada.
Barcelona, Mendoza y los puentes invisibles
Uno de los hilos más bonitos de la conversación fue la relación entre Barcelona y Mendoza.
Barcelona apareció como una ciudad capaz de enseñar a mirar: por su vida cultural, por su tejido ciudadano, por su capacidad de convertir espacios comunes en lugares de encuentro. Mendoza apareció como territorio fértil donde muchas de esas semillas encontraron otra forma de crecer.
Gaby no llevó ideas de un lugar a otro como quien transporta una receta. Las encarnó. Las tradujo. Las adaptó. Las puso en relación con otras personas, instituciones y contextos.
Ese es, quizá, uno de los grandes aprendizajes del liderazgo humano: no se trata de copiar modelos. Se trata de escuchar el campo, comprender el contexto y dejar que algo nuevo pueda nacer.
El Máster Internacional en Economía Humana: aprender a liderar desde otro lugar
El recorrido de Gaby conecta profundamente con el espíritu del Máster Internacional en Economía Humana.
El MIEH nace precisamente para acompañar a personas que ya están liderando procesos de transformación y sienten que las herramientas habituales se les quedan cortas.
Personas que necesitan tomar decisiones más conscientes, leer mejor los contextos, integrar intuición, pensamiento crítico y acción. Personas que necesitan comprender las dinámicas visibles e invisibles de una organización y desarrollar una forma de liderazgo más auténtica, más lúcida y más humana.
Gaby fue docente en la primera edición del máster. Y su recorrido encarna algo esencial de esta propuesta: la intuición no está separada del rigor, la sensibilidad no está separada de la gestión, así como la comunidad no está separada de la transformación institucional. Y de hecho, cuando estos mundos se encuentran, aparece una nueva manera de liderar.
Liderar también es aprender a mirar
Quizá una de las grandes preguntas para quienes hoy acompañan organizaciones, equipos, comunidades o instituciones sea esta: ¿desde dónde estoy mirando?
Porque la forma en que miramos determina lo que somos capaces de ver. Y lo que somos capaces de ver determina lo que podemos transformar.
Gaby nos recordó que una vida guiada por la intuición no es una vida improvisada. Es una vida atenta: a los lugares que llaman, a las personas que aparecen, a los puentes que se abren, a las ciudades que enseñan, a las comunidades que nos ayudan a recordar quiénes somos.
Cerramos la quedada con una palabra por persona: vida, raíces, diversidad, encuentro, curiosidad, empatía, círculo, mujeres, belleza.
Quizá eso también sea liderar: saber qué palabra queremos sembrar en el mundo. Y tener la valentía de vivir a su altura.

















