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Una vive en Buenos Aires. La otra, a más de 8.000 kilómetros, en Sudáfrica. Durante años sus vidas transcurren por caminos muy distintos. Hasta que la LKC les da algo inesperado: un lenguaje común.

Cuando estás preparada, pero las oportunidades no llegan

Agustina llevaba diez años viviendo en Sudáfrica y tenía muy claro que quería estar cerca de los animales salvajes.

Había realizado dos postgrados y conseguido revalidar su título como veterinaria. Sobre el papel, todo estaba preparado. En la realidad, las oportunidades no llegaban.

«¿Cómo puede ser que tenga todo y no salga?», se preguntaba.

La situación empezaba a pesar también fuera de lo profesional. Estaba desanimada y atravesaba dificultades económicas. Sentía que tenía las capacidades y la preparación, pero no conseguía despegar.

Martina, por otro lado, estaba viviendo otra realidad. En Buenos Aires, con tres hijas y marido, llevaba años explorando diferentes enfoques de autoconocimiento. Su desafío estaba en el ritmo cotidiano, en el ruido mental, en la familia y, especialmente, en una relación con su hija mayor que la llevaba una y otra vez fuera de su zona de confort.

La primera en acercarse a la LKC fue Agustina. Martina la observaba desde cierta distancia, hasta que probó una sesión de consultoría.

Ahí algo cambió.

Después de las primeras experiencias de consultoría, Martina empieza a notar una ligereza que no encontraba antes. El ruido mental disminuye. La experiencia es tan significativa para ella que acaba siendo quien propone a su hermana dar el siguiente paso: hacer juntas la Formación Anual en LKC.

Aprender a relacionarse con algo que ya estaba ahí

Ninguna de las dos llega a la formación desde cero.

Agustina siempre se había considerado muy intuitiva. La información le llega a través del cuerpo, de imágenes o de una certeza difícil de explicar. El problema no es percibir. Es saber qué hacer con aquello que percibía.

Durante mucho tiempo había vivido esa sensibilidad con una cierta sensación de aislamiento. Encontrarse con una metodología que le permite entrenar la intuición, verificar la información recibida y compartir esas experiencias con otras personas produce en ella un reconocimiento inmediato.

«Es como que de repente estar en casa.» — así lo expresa Agustina.

La formación le da un marco para algo que hasta entonces había vivido de manera mucho más espontánea.

«La LKC para mí fue como darle una estructura a todo esto que yo viví, que lo vivo día a día y que percibo.» — Agustina

Martina lo vive de otra manera.

También llegaba con un recorrido previo y muchas de las cosas que escuchaba durante la formación le resultaban familiares. Pero hay algo que le llama especialmente la atención: no siente que tenga que forzar el proceso.

«Para mí el diferencial es que es sin esfuerzo.» — Martina

Era justamente lo contrario de cómo había vivido muchas cosas hasta entonces.

De “remar en dulce de leche” a dejar espacio

Martina utiliza una expresión muy argentina para describir aquella etapa: sentía que estaba «remando en dulce de leche».

Hacía todo lo posible para que las cosas funcionaran, pero avanzar requería una enorme cantidad de energía.

«Yo me sentía bloqueada, que tenía hilos alrededor que me tenían atrapada y que no podía avanzar.» – Martina

A medida que avanza la consultoría y la formación, empieza a notar cambios sencillos, pero muy concretos: menos ruido mental, más tranquilidad y mayor presencia en casa.

Eso también modifica su manera de mirar a su familia.

Su hija mayor había sido durante años uno de sus grandes desafíos. Martina reconoce que muchas de las herramientas que había explorado anteriormente nacieron precisamente de la necesidad de comprenderla y acompañarla sin repetir determinados patrones de su propia historia familiar.

El proceso con la LKC no hace desaparecer las dificultades. Le permite ampliar la mirada viendo las lógicas ocultas que dificultaban la relación con sus hijas y realizar los ejercicios adecuados para armonizarlas. 

«Ahora siento que la vida fluye y que soy puro agradecimiento.» — Martina

Habla de una mirada más amorosa hacia su hija, de mayor aceptación de aquello que es diferente y de una forma menos forzada de estar en el día a día.

Mientras tanto, en Sudáfrica, algo empezaba a cambiar

Mientras Martina empezaba a experimentar ese cambio dentro de su vida familiar, en Sudáfrica el proceso de Agustina se hace visible sobre todo en un ámbito que había sido especialmente difícil para ella: su vida profesional.

La veterinaria que había llegado a la consultoría sin conseguir despegar empezó a ver cómo su situación se desbloqueaba.

En el zoológico de Pretoria atravesó momentos complejos, durante una etapa la que fue la única veterinaria. Con el tiempo, la situación del equipo cambió y se incorporó un jefe veterinario, algo que Agustina identifica como parte de una etapa de mayor estabilidad profesional.

Al mismo tiempo, la LKC empieza a entrar en su día a día como una herramienta de contraste para decisiones concretas.

Lo utiliza, por ejemplo, ante determinadas decisiones relacionadas con la anestesia de un animal o cuando necesita valorar si es adecuado trasladarlo de un lugar a otro.

En su manera de aplicarla, la LKC no aparece separada de su conocimiento profesional: dialoga con aquello que sabe, con lo que observa y con la intuición que ya formaba parte de su manera de desenvolverse. La LKC se convierte en otra forma de verificar información ante la incertidumbre.

«Eso sí lo aplico todos los días. Todos los días», explica.

Para alguien que siempre había recibido información intuitiva, poderla contrastar supone un cambio importante.

«Ha dado una estructura real, profesional, que he podido bajar a tierra.» — Agustina

Y aquí aparece una diferencia fundamental entre las dos hermanas.

Martina tiene facilidad para entregarse al proceso. Agustina necesita comprobar.

Ella misma se define como muy concreta. Su hermana bromea con que necesita constatarlo todo. Incluso después de comprobar los cambios que se han producido en su vida, Agustina reconoce que todavía le cuesta confiar plenamente en el devenir de las cosas.

No porque no haya experimentado transformaciones, sino porque esa es precisamente una de las capacidades que sigue entrenando: confiar después de haber hecho su parte, sin necesitar saber de antemano cómo se resolverá todo.

Dos maneras de recorrer el mismo camino. Y quizá por eso también se complementan.

Dos vidas distintas encuentran un lenguaje común

Mientras todo esto sucedía, algo estaba cambiando también entre ellas.

Sudáfrica y Buenos Aires. Animales salvajes por un lado; tres hijas y una familia por el otro. Diferencia horaria. Ritmos diferentes.

Martina reconoce que durante mucho tiempo no tenían demasiadas cosas en común y les resultaba difícil mantener una relación cercana.

La LKC empieza a crear un territorio compartido: pueden hablar de lo que reciben. Compartir sus procesos. Entender aquello que la otra está experimentando sin tener que explicarlo desde cero.

Agustina, que durante años se había sentido bastante sola respecto a determinadas percepciones, encuentra además un grupo de personas con las que puede hablar el mismo lenguaje.

Y las diferencias entre las hermanas, lejos de desaparecer, empiezan a formar parte de ese intercambio: una fluye, la otra verifica; una práctica dos veces al día, la otra reconoce entre risas que es «más vaga» en su práctica, aunque utiliza la LKC constantemente para decisiones de la vida cotidiana; una confía con facilidad, la otra pregunta, contrasta y necesita evidencias.

«Y este último tiempo fue increíble cómo creció nuestra relación, cómo compartimos muchísimas cosas, pero cosas muy profundas, compartimos los procesos.» — Martina

La formación que habían empezado juntas para profundizar en una metodología acaba ofreciéndoles también un lugar desde el que volver a encontrarse como hermanas.

La formación termina. El proceso, no.

En el momento de esta conversación, Martina y Agustina están llegando al final de la 5ª edición de la Formación Anual en LKC: la graduación está a la vuelta de la esquina.

Martina quiere practicar más. Agustina sigue utilizando lo aprendido en situaciones concretas y entrenando precisamente aquello que más le cuesta: confiar.

Ninguna habla de haber llegado, hablan de algo que ya forma parte de su manera de vivir.

En Martina se expresa en una mayor presencia, en su familia y en esa sensación de haber dejado de empujar constantemente la vida.

En Agustina, en una realidad profesional que ha cambiado, en una intuición que ahora puede entrenar y verificar y en una capacidad creciente para abordar situaciones complejas desde otro lugar.

Y entre las dos, en algo mucho más sencillo de explicar: ahora tienen más cosas que contarse.

Síntesis final

Martina y Agustina llegaron a la LKC con recorridos, personalidades y necesidades diferentes. La consultoría les permitió abordar sus procesos de manera individual; la Formación Anual les dio un marco para comprender la metodología, entrenar la intuición y llevarla a situaciones concretas de sus vidas.

No aprendieron a sentir lo mismo ni a decidir de la misma manera.

Martina encontró más espacio para fluir. Agustina, una forma de estructurar y verificar aquello que ya percibía.

Y en ese recorrido apareció una transformación que ninguna necesitó planificar: dos hermanas que vivían a miles de kilómetros encontraron un lenguaje desde el que volver a acercarse.

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