Pymes sostenibles… y también rentables

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El 5 de junio se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente y, al menos por unas horas, políticos, medios de comunicación y quizá algún amigo se encargue de remover su conciencia preguntándole si se preocupa por estos temas.

Puede que recicle, que compre bombillas de bajo consumo y que en ocasiones se haya preocupado por escoger en el lineal del supermercado un producto en el apartado de ecológico. Hasta puede que haya visto alguna campaña publicitaria de ropa elaborada con algodón orgánico.

Para algunos, lo del consumo sostenible les suena a esnobismo, solo apto para gente con la cartera llena de billetes y empresas con muchos ceros en la cuenta de resultados. Así que será mejor que definamos y acabemos con ciertos tópicos.

«La empresa sostenible es la que opera haciendo un uso eficiente de los recursos, la que maximiza el valor que aporta a la sociedad, la que no está aquí sólo para vender, la que a la hora de utilizar procesos piensa en una triple vertiente: la económica, la social y la medioambiental». La dueña de esta definición es Sara de Dios, directora de Global Business Innovation de Havas Media. Su empresa presentó hace un par de meses un informe elaborado junto con la Fundación Entorno que le pone cifras a este tema.

Nada menos que 11,5 millones de españoles están dispuestos a apoyar a las marcas que contribuyan a crear un nuevo estilo de vida más sostenible. Paz Hernández, de El Ojo Sostenible, una consultora especializada en pymes, le suma un par de aspectos a la definición aportada por Sara de Dios. «Es aquella empresa que considera a todos los grupos de interés, tanto a empleados, clientes y proveedores, y piensa y actúa considerando el medio y largo plazo», dice.

Es algo más que cumplir con las obligaciones jurídicas o incorporar a la gestión normas de gestión ambiental. «Tiene más que ver con la asunción de ciertos valores como la internalización de las aspectos, las emisiones atmosféricas, los residuos durante la producción, los vertidos, la transparencia, el trato ético al empleado, las exigencias éticas a los proveedores…», añade.

Las pymes pueden hacerlo

¿Y las pymes? ¿Pueden permitirse y les resulta rentable apostar por lo sostenible e introducirlo en su ADN? Paz Hernández nos lo aclara: «Puede parecer que no importe en las empresas pequeñas, que suelen estar ocupadas en su día a día y en apagar fuegos. Pero hay una clara corriente de consumidores cada vez más formados que empiezan a tomar decisiones conscientes en sus elecciones de compras y el hecho de que una pyme lo tenga en cuenta es importante».

Transformar basura en diseño y a precio asequible. Es la base de un negocio como Ecoalf, fundado por Javier Goyeneche, ex de Fun & Basics. Su nueva criatura, que arrancó en 2010, ha desarrollado más de 30 tejidos distintos partiendo de materiales tan dispares y en principio poco atractivos como redes de pesca, botellas, restos de café y neumáticos. «Reciclar no está reñido con la calidad ni con el diseño, y cada vez hay más consumidores que lo valoran y están dispuestos a pagar por ello.

Es una tendencia que ha venido para quedarse», explica José Múgica, consejero delegado de la compañía, cuya forma de trabajar está obteniendo resultados y apenas acaban de empezar a vender sus prendas con un aliado de lujo, las tiendas Apple de Estados Unidos. Reconoce que invierten mucho tiempo y muchos recursos en encontrar material y los procesos para transformar esa materia prima en zapatos, plumas o bañadores no es barato. «Pero se puede llegar a un precio razonable».

Precio. Factor crítico y más en un mercado como el español, donde la recesión está provocando unos niveles de consumo que dan escalofríos. Mucho más escépticos que en Havas Media se muestran en la consultora Deloitte, que presentó la semana pasada un estudio, denominado El dilema del consumidor en España, que pone de manifiesto que aunque el 75 por ciento de los consumidores afirman tener en cuenta la sostenibilidad en sus compras, el precio sigue siendo el principal factor que orienta sus decisiones de consumo.

Hay empresas que nacen sostenibles, como Ecoalf, y otras que se lanzan al cambio. Un proceso que, como dice Sara de Dios, debe eliminar todo tipo de cortoplacismo porque requiere tiempo.

Antonio Caballero es responsable de producción de Riotinto Fruit. Esta cooperativa de cítricos ubicada en la histórica zona minera de Riotinto, en Huelva, dio el salto al sistema ecológico a finales de la década de los 90. Transformó unas 300 hectáreas -de las 1.600 que explota- de la denominada producción integrada a la ecológica.

Mejor percepción de la marca

La certificación oficial la obtuvo, del Comité Andaluz de Agricultura Ecológica, en 2003. «Las ventajas de este modelo son, evidentemente, que podemos vender más caro, aunque con la crisis este diferencial cada vez se estrecha más y también hay que recordar que el volumen de producción de un terreno ecológico es menor que uno convencional.

También hay otra ventaja que es la mayor seguridad en el trabajo para nuestros empleados, al no usar sustancias químicas de ningún tipo.» Caballero también señala a la imagen de alto valor que proyectan a sus clientes -las empresas distribuidoras- cuando ofrecen producto ecológico junto al convencional. En positivo destaca también que producir cítrico en ecológico mantiene la producción, de las diferentes variedades de naranja que cultivan, todo el año excepto los tres meses de verano.

En la parte menos positiva, y que matiza ese mayor precio de venta, también está el mayor coste de producción. Y ello porque las técnicas para lograr la calidad exigida a la fruta ecológica -la misma que a la convencional en cuanto a calibre, apariencia, etcétera- y los gastos de abonos y controles de plagas respetuosos elevan este capítulo de la cuenta de resultados.

Caballero demuestra con la práctica lo que Paz Hernández señala desde El Ojo Sostenible, cuando explica las ventajas de incluir criterios de sostenibilidad en una pyme. «Puede aportarle una mejor relación con sus clientes, una mayor motivación de sus empleados -que están más felices en un entorno más saludable y amable-, un mejor posicionamiento frente a la competencia, una mayor oportunidad de internacionalización, evitar multas y sanciones económicas, disminuir el precio de los seguros de responsabilidad civil y de responsabilidad ambiental, unas mayores posibilidades de ser la opción preferente, una disminución del riesgo de crisis de la imagen de la marca, etc».

Bodegas Campo Viejo -perteneciente a Domecq Bodegas- también partió con estos criterios desde la cuna. Y no ha supuesto demasiados quebraderos de cabeza, como explica Marian Carreira, directora de Comunicación de Domecq Bodegas. «En nuestro caso no ha implicado cambio ni adaptación ya que desde su construcción se tuvieron en cuenta todos los aspectos necesarios para elaborar de forma sostenible. Aenor nos ha certificado la ISO 14001 de gestión medioambiental, la 14064 (cálculo de la huella de carbono), la IQNET SR10 (de gestión de Responsabilidad Social) y la Q de Calidad Turística que también incluye este tipo de criterios», explica. Un esfuerzo que luego no se traduce en el encarecimiento del producto, ya que la compañía ha asumido estas inversiones.

«La sostenibilidad es una necesidad porque los recursos no son infinitos», dice Sara de Dios. Y el transporte, que tanto impacto tiene en el medioambiente, está haciendo esfuerzos. O más bien sus empresas.

Little es una empresa gallega especializada en la fabricación de vehículos homologados cien por cien eléctricos concebidos para respetar el medio ambiente sin renunciar a un estilo «elegante y creativo», cuentan a elEconomista.

Explican que la electromovilidad -otro concepto que añadir a nuestro vocabulario- está «en auge» y cada vez son más los consumidores que se decantan por este tipo de coches debido al encarecimiento del combustible fósil y a que esta opción ofrece «igual servicio» a un precio «más asequible», pues el coste de un vehículo dentro la gama más económico oscila entre los 10.000 y 20.000 euros.

¿Rentable? Pongamos un par de cifras sobre la mesa. La empresa -con sede en Vigo- cerró el pasado ejercicio con un volumen de ventas de 117 unidades y una facturación de 1,2 millones de euros, de la que en torno a un 60 por ciento procede de su mercado exterior. La previsión para este año es «de crecimiento» a la espera de poder duplicar los beneficios.

Recientemente, Little acaba de ampliar su mercado internacional con pedidos procedentes de América Latina y Malabo (Guinea Ecuatorial). También prevé implantarse en Cuba y Ecuador el próximo año. En la actualidad completa su presencia con operaciones en Europa, Costa Rica, así como en todo el territorio nacional.

Desde la firma destacan que pese a los contras «de arriesgarse con este tipo de negocio» finalmente les compensa apostar por unos principios «sostenibles» ya que se trata de una inversión «a medio plazo» que da sus frutos.

Más ejemplos. Con una flota de siete bicicletas eléctricas de carga -cinco de las cuales tienen una capacidad de 180 kilos- y una furgoneta eléctrica, la empresa catalana de distribución sostenible de e-commerce Emakers inició su actividad en diciembre.

La compañía, que ha empezado a operar en Barcelona, realiza 5.000 repartos mensuales, que representa un tercio de su capacidad. La sostenibilidad es uno de sus pilares, que desde sus inicios se diferencia de otras compañías de mensajería al optar por este tipo de transporte para realizar los pedidos.

Tal y como reconocen los directores del negocio, Gonzalo Forniés y José Servat, «en zonas urbanas como Barcelona y Madrid, que concentran el 45 por ciento del e-commerce, la bicicleta es más eficaz a la hora de hacer repartos ya que no tienes problemas de aparcamiento y no tienes que estar pendiente del tráfico, es un transporte ágil, rápido y seguro».

Desde el mes de mayo, Emakers ha empezado a ofrecer sus servicios en Madrid, primer paso para iniciar el crecimiento a las principales ciudades españolas. En una primera fase la empresa factura entre 10.000 y 15.000 euros al mes y cuenta con clientes como Nespresso y Fnac. Prevé realizar 60.000 entregas mensuales en Barcelona.

¿Quién dijo, por tanto, que las pymes no pueden ser sostenibles? Si hablamos de grande sempresas, explica la consultora Paz Hernández, Estados Unidos, Alemania, Corea, España, Reino Unido y Francia son países que suelen destacar en los rankings mundiales respecto a empresas sostenibles. «Pero en muchas ocasiones creo que esto tiene que ver por lo bien que hacen sus deberes en todo lo que tiene que ver con marketing ecológico», dice.

El precio es más alto

El tamaño, sin que sirva de precedente, parece favorecer a las pequeñas, ya que les dota de mayor agilidad a la hora de mantener la sostenibilidad de su cadena de producción. Noem es otra pyme catalana que construye edificaciones sostenibles a partir de estructuras de madera del Pirineo destinadas a particulares que buscan ampliaciones de su vivienda, oficinas en casa o segundas residencias.

Las construcciones que fabrican son casas sanas, pasivas -que significa mínimo consumo energético, menos de 15 kilovatios por metro cuadrado- y con mínimas emisiones de CO2. La empresa fabrica todos los módulos en la Seu d’Urgell (Lérida) y desde los Pirineos catalanes los traslada.

La fundadora del proyecto, Rosa Vilarasau, afirma que «en construcción, trabajar con criterios de sostenibilidad implica un sobrecoste respecto a valores tradicionales de precio por metro cuadrado que estaría entre el 10 y el 15 por ciento pero permite que la vivienda sea mucho mejor en criterios de eficiencia energética, huella de carbono y salud para el individuo». Sobre este sobreprecio, considera que los consumidores «únicamente pagarán de más por lo que les aporte un valor real». Vilarasau cree que «con los previsibles incrementos del precio de la energía, dentro de poco lo que dejará de ser rentable será construir sin criterios de sostenibilidad, porque no podremos soportar el mantenimiento de casas poco eficientes».

La empresa fue galardonada el año pasado con el Premio a la Emprendeduría del Instituto Europeo de Innovación y Tecnología (EIT) en la categoría de energía sostenible por su proyecto presentado: módulos eficientes -que conservan la energía- con mínimas emisiones de CO2. Desde su creación a finales de 2009 ha desarrollado seis construcciones con módulos en España y Francia y han llevado a cabo dos soluciones fijas. Este año la empresa espera alcanzar el millón de euros de facturación.

Mucho menos sofisticada es la base del negocio de Ecomonegros. «No hemos notado la crisis y los clientes valoran mucho el producto», explica Laura Marcén, responsable de esta empresa familiar, que recuperó la variedad de Trigo Aragón 03 y que se encarga de su cultivo y de todo el proceso de producción, transformación y elaboración y distribución de productos elaborados con ella y de sus derivados.

Conciencia tranquila

En esta empresa, con sede en Leciñena (Zaragoza), sí compensa la sostenibilidad «tanto económicamente como personalmente. Lo bueno es que te vas a la cama sabiendo que haces algo bueno, que promueves un valor y que se lo das al producto y a las personas», añade Laura Marcén, quien añade que en su caso crecer es más difícil porque se depende de la cosecha de trigo y porque todo lo que se emplea son productos ecológicos «que no son fáciles de encontrar, sobre todo, en la zona».

Y es que los criterios de sostenibilidad se han implantado también en el proceso productivo puesto que se siguen métodos artesanales. «El trigo se muele en un molino de piedra y se usa el mínimo de energía porque es la fuerza de la mano la que da forma al pan».

La empresa castellonense Beltrán Hermanos (Jabones Beltrán) no ha dejado de fabricar jabones naturales desde 1922, ni siquiera cuando en los 60 las lavadoras y detergentes arrinconaron la pastilla de jabón. La empresa reaccionó triturando sus jabones y añadiendo los elementos químicos imprescindibles. Pero hace una década, el sector de los productos ecológicos llamó a su puerta.

«Las tiendas nos pedían certificación, así que empezamos con el proyecto de abrir una línea de productos ecológicos, que se llama BioBel, en la que los pocos productos químicos que utilizábamos para adaptar el jabón a la lavadora se sustituyeron por ingredientes naturales», explica Mara Beltrán, perteneciente a la cuarta generación que gestiona la empresa familiar.

La de Beltrán Hermanos fue la primera fábrica española de detergentes ecológicos con certificado, en concreto, de Ecocert. El año pasado facturaron 600.000 euros. ¿Sostenible y rentable? Una combinación real… y posible.

Fuente: elEconomista.es


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